Las investigaciones arqueológicas en el Perú realizadas en los últimos años, arrojaron novedades y precisiones sobre este tema y han sido presentadas por el historiador Jorge E. Silva en Perú Antiguo-Tomo II en 1982. A lo largo de este trabajo, encontramos la mayor aproximación sobre el tiempo de estos asentamientos humanos de la costa central y especialmente del valle del Rímac, materia de nuestra investigación.
Silva expresa que la costa central (Lima) alberga asentamientos humanos cuyo origen responde a la etapa "informativa", con características integradoras sustentadas en la extracción marina así como la agricultura y que adoptaron un sistema sociopolítico integrador facilitado por la cercanía de los valles y el control ejercido por los centros ceremoniales.
Por su parte Rogger Ravines y William Ysbel en 1975, "reconocen la existencia de interacciones multivalle con los centros ceremoniales competitivos hace unos 2000 años a. C. Plantean esta situación partiendo de los datos provenientes de Garayar y postulan un mecanismo de lazos vinculados con la actividad económica y religiosa en diferentes centros ceremoniales situados en los valles de la costa central."
Refiriéndose a esta tesis, Silva concluye afirmando "que el modelo que proponen incluye una élite que recibía los servicios de la comunidad y que tal posición está investida de complejas interrelaciones económicas que rebasó la actividad extractora del mar para incorporar a la agricultura los terrenos cercanos a los ríos". Además debieron existir asentamientos significativos no sólo en el litoral sino también valle adentro. Tal posibilidad se comprueba con los asentamientos de los ríos de habitación en el fundo Vásquez, Huachipa, Jicamarca y Ricardo Palma.




