vi) Paralelamente y siguiendo la evolución cultural del litoral peruano preconizado por el arqueólogo peruano Julio C. Tello, aparecieron los pescadores arcaicos y las tribus agrícolas matriarcales, que fueron los primitivos habitantes del valle del Rímac, establecidos en primitivas cabañas y que desplazaron a lo largo de la quebrada del río Rímac, aguas arriba.
Históricamente, hacia el año 1440 - 400 a.C. floreció la cultura Chavín, en la provincia Huari del actual departamento de Ancash, adquiriendo el carácter pan-peruano por sentar su influencia en todo el territorio nacional. Su influencia llegó al valle del Rímac, como veremos oportunamente en la arquitectura de la construcción de sus casas y el uso de la piedra y adobe, así como galerías subterráneas.
Avanzando cronológicamente hacia nuestros tiempos, ubicamos a la cultura Wari desarrollada en Ayacucho entre los años 500 al 1,100 de la Era Cristiana. Se caracterizó por la construcción de grandes ciudades que sirvieron como cabezas de región como Wilka Wain en Ancash, Marca Huamachuco en La Libertad y Pachacamac en Lima.
Pachacamac, situada a 20 Km. de Lima ya existía antes de la expansión de los Wari. Era un gran santuario de los señores sacerdotes del río Rímac y Turín y se convirtió en importante cabeza de la región de Wari, en la costa de Lima.
Así lo confirma el arqueológico peruano Luis Guillermo Lumbreras en el imperio Wari del Perú Antiguo, cuando expresa: "La segunda época es la de máximo apogeo Wari y está representada principalmente por un estilo de cerámica al que propiamente se le puede llamar Wari, con sus variedades regionales Vivaque, Atarco, Pachacamac, etc. Esta es la época imperial de Wari, cuando su expansión alcanza Lambayeque y Cajamarca por el norte y llega hasta Cusco y Arequipa por el sur"
Posteriormente evolucionó en el Perú antiguo la cultura de los Collas y Aymaras, entre los años 1100 a 1500 de la era cristiana, luego de la desintegración de la cultura Tiahuanaco. De la expansión de ellos hacia la zona norte tenemos testimonios claros en Pachacamac, Ancón, el valle del Rímac y en Canta, con los restos arquitectónicos de las chullpas o kullips.